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miércoles, 12 de marzo de 2014

Working Bad: Presentación y fiesta de la Oficina Precaria










Llevamos unos meses trabajando para que la Oficina Precaria sea una herramienta más útil y para que pueda participar más gente. Es el momento de presentaros lo que hemos hecho hasta ahora y pasar una buena noche cenando, tomando algo y bailoteando.



Cualquier joven en Madrid sabe lo que es alternar paro y precariedad, así que díselo a tus colegas, tanto para que conozcan el proyecto como para que se tomen algo y nos ayuden a financiarnos (a nosotr@s nadie nos da sobres...)

19H - 20H: Presentación de la nueva Oficina Precaria

19h - 01H: Buena música, comida casera, cerveza fresquita y moijitos

Conciliación: ¿Tiene usted pensado quedarse embarazado?

Esta escena nos resultaría divertida si la pregunta se hiciese a un hombre. Pero si cambiamos el género de la víctima, nos encontramos con una realidad escandalosamente frecuente.

La maternidad solo es un ejemplo: las mujeres dan a luz, pero el bebé tiene dos padres y, sin embargo, la conciliación entre la vida laboral y el trabajo de cuidados continúa siendo una preocupación que sigue recayendo casi en exclusiva sobre las mujeres.

El sistema productivo se fundamentó durante años en la división sexual clásica del trabajo, que adjudicaba a las mujeres los trabajos de cuidados invisibles -los “no-trabajos”- y a los hombres el espacio del trabajo reconocido como tal, el asalariado. Cuando las mujeres, gracias a años de lucha, consiguen ir introduciéndose poco a poco en el mercado laboral (por supuesto, no en igualdad de condiciones) ni el Estado ni el mercado asumen la responsabilidad de los cuidados. Esta sigue recayendo en los hogares y, dentro de ellos, en las mujeres.

Lejos del ideal de corresponsabilidad, los datos demuestran que hoy no solo siguen siendo las mujeres quienes realizan estas tareas, sino que la mayoría aún considera la conciliación un asunto que solo les incumbe a ellas. Así, del total de excedencias por cuidados de hijos e hijas, el 94% corresponden a mujeres.

Además, según la encuesta del empleo del tiempo de empleo del INE actualizada en 2012, las mujeres dedican una media de 4 horas y media diarias al cuidado del hogar y familia, mientras que los hombres dedican a estas tareas 2 horas y media. A este dato hay que añadir que el 25% de los hombres no realizan ningún trabajo en el hogar, cifra que se reduce al 8% en el caso de las mujeres.

 Los recortes llevados a cabo por el gobierno en los últimos años están agravando aun más esta situación. La eliminación de la partida para la Ley de Dependencia, la congelación de la posibilidad de ampliar el permiso de paternidad y la eliminación del programa Educa3 -programa para la dotación de plazas de cero a tres años- son medidas con un claro cariz ideológico, cuya intención es reforzar el rol tradicional de las mujeres como madres y cuidadoras.

El actual sistema económico  se sustenta sobre la red de trabajos invisibles y no remunerados que realizan las mujeres. Mientras ese trabajo sea invisibilizado y realizado exclusivamente por mujeres, sin la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad, de manera que sean suficientemente largos, iguales, intransferibles y remunerados al 100%, estaremos lejos de la tan proclamada igualdad.

Las recetas de “trabajar más y cobrar menos” que ya se están aplicando en nuestro país (sobre todo desde la reforma laboral de 2012) solo incrementarán la precarización de las condiciones de vida de las mujeres, ya que que las jornadas laborales con horarios maratonianos dificultan la corresponsabilidad real. El reparto del trabajo en general, el reparto del empleo y la socialización de los cuidados deben ser, por tanto, uno de los ejes centrales en la lucha de todas aquellas organizaciones políticas, sociales y sindicales que consideren la igualdad entre hombre y mujeres una cuestión importante.

martes, 11 de marzo de 2014

Techo de cristal y suelo pegajoso

El llamado “techo de cristal” es un fenómeno especialmente incómodo para gran parte de la sociedad. Los datos demuestran que existe, pero reconocer las razones por las que aún es tan escandaloso no es nada fácil si continúa negándose lo evidente: que el sexismo forma parte de la estructura de nuestra sociaedad y que se expresa con especial fuerza cuando nos encontramos en medio de juegos de poder. Pero antes de nada, veamos unos cuantos datos. Según el Instituto Nacional de Estadística:

        En 2012, el porcentaje de mujeres en altos cargos de la Administración General del Estado era del 31%.
        En 2010 el número de graduadas en educación superior superaba el 60%, sin embargo, el porcentaje de catedráticas en las universidades españolas se reduce al 15%.
        En 2009 el porcentaje de mujeres en el conjunto de Consejos de Administración de las empresas que forman parte del Ibex 35 era del 10,3%, y sólo un 2,9% se encuentran en las Presidencias y un 7,8% en las Vicepresidencias.
        En 2010 el porcentaje de mujeres en el conjunto de Reales Academias era del 9,6%, y sólo en dos Reales Academias,Farmacia e Historia, se supera el 10% (con un 13,1% y 13,2% respectivamente). El extremo lo encontramos en la Real Academia de Medicina donde, a pesar de la feminización existente en los estudios de esta rama, la presencia femenina en la Academia es tan solo del 2,1%.
       
Para explicar esta barrera invisible que aleja sistemáticamente a las mujeres de los puestos de responsabilidad y poder hay que atender a varios factores. Las causas de este estancamiento provienen en su mayoría de los prejuicios empresariales sobre la capacidad de las mujeres para desempeñar puestos de responsabilidad, así como del hecho de que su disponibilidad laboral se concibe ligada a la maternidad y a las responsabilidades familiares y domésticas. Es decir, junto a la metáfora del “techo de cristal” hemos de concebir otra imagen, la de un “suelo pegajoso” que nos habla de nuevo de las cargas asociadas aún a día de hoy a las mujeres trabajadoras. Estas, a pesar de haber ingresado en el mundo laboral, no lo han hecho en igualdad de condiciones, pues arrastran consigo las exigencias de todo un ámbito, el de los cuidados, al que se las sigue relegando y del que sus compañeros varones continúan sin hacerse cargo.